La óptica de un niño
A través de la fotografía y el cine, los niños encuentran una nueva voz y se curan
Fotógrafos y realizadores profesionales fueron a las comunidades del sur de Tailandia afectadas por el tsunami y enseñaron a 120 estudiantes de entre 10 y 15 años a usar las cámaras, escribir guiones y cortar y editar películas. Al aprender nuevas tareas, la confianza de los niños aumentó y contribuyó también a enseñarles a expresarse por otros medios.
Niños centrados en alcanzar retos
Los niños sacaron fotos de los montones de basura que el tsunami había dejado cerca de la orilla del mar y también imágenes llenas de esperanza posteriores a la catástrofe: un atardecer en la playa con telas de colores atadas alrededor de los arboles y a los cascos de los barcos -a modo de ofrenda a los espíritus – bajo un brillante cielo azul.
Otro corto, "Los regalos de la nueva madre", está basado en una historia real; habla de una huérfana del tsunami que recibe cartas y regalos de su nueva madre de acogida a la cual todavía no conoce. “Nunca he visto su cara pero me imagino que es muy guapa, buena y generosa” dice la niña interpretada por Sunisa, del pueblo Ban Nam Khem. El guión y la interpretación demuestran su desilusión porque todavía tiene que conocer a su nueva tutora pero también su anhelo de que alguien la cuide.
“Creo que lo que más ha beneficiado a los niños fue el trabajar en un proyecto dificil y conseguir finalizarlol” dice Pornsak Sukongkaratanakul, un realizador independiente que enseñó a los niños. “Los niños estaban felices. Se implicaron de verdad, querían crear. El hecho de que fueran capaces de hacer una película con tan poca formación es increíble”
Contando al mundo lo que pasó
Las películas se proyectaron en sus comunidades y las fotos se exhibieron públicamente y se hicieron postales de ellas. Los niños volvieron a sus comunidades y crearon clubs de cine y de arte en sus colegios, llevando consigo las cámaras con las que les habían enseñado. Su dolor y su esfuerzo por superarse habían sido transformados a través de este proyecto en alegría y orgullo, como reflejaban los vídeos producidos. En toma tras toma y, incluso cuando aparecían caminando por pueblos recién reconstruidos en su totalidad, los niños actores no podían esconder sus sonrisas y su emoción al estar ante una cámara. Mientras tanto, detrás de la cámara, el joven grupo de realizadores se muere de la risa mientras gritan con autoridad “cámara, acción” y “¡corten! ¡corten! ¡corten!”.
“Fue una oportunidad increíble. Aprendimos a utilizar cámaras digitales y a organizar nuestros pensamientos en algo que los demás pudieran comprender” dice Suriya de 12 años de un pueblo llamado Kamala en Phuket. Andando a través de su pueblo y su colegio, Suriya recordó cosas del tsunami. “Sacamos fotos de los sitios e hicimos postales. Ahora podemos contar al resto del mundo lo que pasó y lo que hemos estado haciendo”.
